Al pediatra desde el embarazo

El embarazo es el momento ideal para corregir los patrones que puedan poner en riesgo la salud de madre e hijo y para empezar el acompañamiento. El pediatra debe ser un buen guía.

El embarazo es una etapa de la vida única y especial para todos los actores que participan en él: madre, padre y bebé. En el devenir continuo de la vida, es un período en el cual influirán las condiciones físicas, emocionales, culturales y sociales de los padres antes de la concepción, durante la gestación y a lo largo de la vida del niño. Es una gran oportunidad para fortalecer prácticas saludables y corregir aquellos patrones capaces de afectar la salud actual y futura de la madre y del niño. Es también el momento ideal para sensibilizar, preparar y acompañar a los padres en la tarea más importante de sus vidas: la crianza y el acompañamiento de sus hijos. Es un encuentro entre lo personal, familiar y los aportes que han brindado la cultura y el conocimiento científico, que no invalida el que trae la madre, sino que, por el contrario, entran en sinergia para darle seguridad y empoderamiento a la mujer que sabe que entre más preparada esté en el ámbito de su salud física, emocional y conocimientos en general, hará de su maternidad una gran experiencia para ella y su pareja y el mejor inicio para su bebé. El cuidado perinatal que brindan actualmente las instituciones de salud incluye la atención de un médico general o un obstetra que trabaja en equipo con enfermería, encargándose del cuidado médico de la día da madre-niño, con una finalidad principal que es la detección de enfermedades que pongan en riesgo el adecuado desenlace de la gestación y el parto.

Los cursos psicoprofilácticos

Algunas madres tienen la oportunidad de asistir a sesiones o cursos psicoprofilácticos, los cuales están concebidos para prepararlas para la gran labor del trabajo de parto y, de forma adicional, les brinda información sobre el cuidado básico del recién nacido y la lactancia materna. Los recién nacidos sanos que nacen en hospitales tienen una evaluación del pediatra antes de ser dados de alta, esto con el objetivo de valorar las condiciones de salud que puedan ponerlos en riesgo. En el mismo espacio se brindan conceptos básicos del cuidado neonatal, como limpieza del ombligo, lactancia materna y signos de alarma. Al llegar a casa con su hijo recién nacido, la madre presenta todas las molestias físicas inherentes al posparto. Sus emociones son variables, intensas. Su sistema de sueño y vigilia se altera por completo; tiene encima de sus hombros la responsabilidad más grande que jamás haya tenido: el cuidado de su pequeño hijo. Esto genera temores, inseguridad y dudas, sumado a que en nuestro contexto cultural la madre primípara es sinónimo de inexperiencia e incompetencia, por lo cual recibe con intenciones de apoyo, sugerencias o consejos que muchas veces la confunden y acentúan sus inseguridades. En el mejor de los escenarios la aparición del ‘experto’, el pediatra, quien los asesorará y acompañará en los cuidados del bebé, se hace en la primera semana de vida, cuando en casa se han presentado situaciones normales inherentes a la crianza  del recién nacido, pero que en este contexto de inexperiencia y emocionalidad intensa han impactado la seguridad de la madre haciendo que la experiencia de los primeros días sea vivida con angustia y desencanto. El cuidado perinatal integral debe incluir, entre otros aspectos, la anticipación y la preparación de la madre y de su familia para la llegada del bebé. Además de considerarse elementos esenciales como la lactancia y el cuidado del recién nacido, también es una gran oportunidad para detectar y solucionar situaciones de riesgo en el campo emocional de la madre o de su pareja que pudieran afectar el vínculo afectivo con el bebé.

El pediatra debe ser acompañante y guía

El pediatra con esa vocación de guía y acompañante de los padres en esa tarea única de criar a los hijos, tiene el conocimiento y el perfil ideal para iniciar intervenciones preventivas durante la gestación, brindando conocimiento y detectando situaciones de riesgo en la salud física o emocional de la madre y la pareja. El acompañamiento del pediatra se hará en comunicación con el obstetra, conociendo las condiciones de salud de la madre, los eventos clínicos de la gestación, los antecedentes familiares, el tipo de personas y familias que están esperando a este bebé, entre otros, para así programar e individualizar las intervenciones. La Academia Americana de Pediatría ha propuesto el modelo de la consulta pediátrica prenatal desde 1984, recomendándola para todas las familias que están esperando la llegada del bebé, siendo particularmente valiosa para los padres que están esperando un hijo por primera vez, en los casos de embarazos de alto riesgo, gestaciones múltiples, padres que han tenido muertes perinatales y aquellos que están en proceso de adopción.

1. Establecer una relación amigable, respetuosa, basada en la confianza y el trabajo en equipo entre padres y pediatra. Los padres conocerán las características del pediatra, horarios de atención, manejo de citas de rutina y urgencias, sitios de referencia en caso de hospitalización. Por su parte, el pediatra identificará el tipo de padres a los que va a acompañar, detectando sus necesidades para programar su intervención.

2. Realizar la historia clínica. Preguntar por la historia médica de los padres y sus familias, con énfasis en la historia obstétrica previa de la madre. Detectar situaciones de riesgo como antecedentes de enfermedades congénitas, embarazos de alto riesgo, etc.

3. Conocer la dinámica familiar y su contexto cultural y socioeconómico. Preguntar por la relación entre los padres, estilos de vida saludables en cuanto a nutrición y ejercicio, actitudes hacia el consumo de tabaco, alcohol. De igual forma, aspectos como la ocupación de los padres, tiempo disponible para la crianza, aparición de otras personas en el cuidado del niño: familiares, niñeras, guarderías.

4. Indagar por temores y preocupaciones acerca del embarazo. Aclarar dudas acerca de desenlaces normales o anormales del embarazo y el parto brindando información veraz y concreta, en un entorno de empatía y contención.

5. Detectar situaciones de riesgo emocional como depresión y ansiedad que puedan acentuarse en el embarazo y en el posparto afectando el establecimiento del vínculo afectivo sano entre la madre y el niño.

6. Dar información sobre los posibles desenlaces del parto y situaciones neonatales de presentación más frecuente.

7. Brindar conocimientos acerca del cuidado básico del recién nacido, alimentación con énfasis en lactancia materna, seguridad durante el sueño y el baño. Informar sobre signos de alarma para consultar al pediatra.

8. Ofrecer información sobre la realización de exámenes de rutina como tamizaje neonatal y vacunación.

Este encuentro entre padres y pediatra es una ventana para observar el comportamiento de los padres, conocer sus opiniones, sus expectativas y sus dudas. Es un momento para invitar a los padres a que amplíen sus conocimientos, se entrenen en los cuidados del niño y sus requerimientos con la finalidad de que ese hijo, que es imaginado durante la gestación y que se hará real con el nacimiento, encuentre una madre y un padre dispuestos a dar lo mejor de sí, brindado sólidas raíces para su desarrollo.

En nuestra práctica hemos podido evidenciar que los padres que han tenido acceso a un acompañamiento pediátrico prenatal se muestran más colaboradores con el equipo de salud en circunstancias perinatales no esperadas, así como más seguros y empoderados para los cuidados del recién nacido. En la literatura médica encontramos sólidas bases evidenciando que la educación prenatal asociada al cuidado prenatal convencional mejora los desenlaces obstétricos con una disminución del riesgo en partos pretérmino y con indudables beneficios sobre cifras de iniciación y mantenimiento de la lactancia materna. Es un reto para nuestra comunidad médica elaborar y llevar a la práctica estrategias de educación prenatal con instrumentos metodológicos óptimos que nos permitan medir su impacto sobre resultados obstétricos, iniciación y mantenimiento de la lactancia materna, así como seguridad y empoderamiento en roles parentales que impactarán positivamente el desarrollo emocional e integral de nuestros niños.

Por: Amparo Díaz

Pediatra