Adolescente – Depresión: ¿existe en la infancia?

Depresión: ¿existe en la infancia?

¿Cómo podemos acompañar de la mejor manera a un niño cercano a nuestros afectos que padece una enfermedad cónica?

Entre las características del tiempo actual están las presiones de índole, la competencia, el afán. Agréguese a lo anterior, especialmente para los niños y jóvenes, el hecho de que les ha correspondido vivir una época de profundos cambios en la dinámica familiar.

Por las anteriores y muchas más razones, la depresión, entendida como un estado persistente de tristeza, de minusvalía, de falta de interés por la vida, se ha convertido en un estigma de la época.

Pero, ¿Los niños también se deprimen? ¡Claro que sí!

La depresión es un serio problema de salud que afecta a las personas de todas las edades y en los niños es un trastorno tan serio como en los adultos. Se estima que uno de cada 33 niños y uno de cada 8 adolescentes puede sufrir algún grado de depresión. Es necesario advertir que cuando se habla de depresión, se trata de un estado persistente que llega a afectar la actividad diaria de una persona y sus relaciones con los demás. No es pues uno de aquellos días en que todo nos sale mal.

Pero con la depresión en los niños hay un problema y es que la forma como se manifiesta en ellos es muy diferente a la de los adultos. Es por ello, que en no pocas ocasiones este trastorno pasa desapercibido para padres de familia y profesores, quienes se quedan muchas veces “anclados” en los síntomas, calificando a la niña o al muchacho de perezoso, malgeniado, dormilón, irresponsable, etc.

Con el ánimo de detectar precozmente este problema en los niños, veamos, de manera muy general, cómo se puede presentar en las distintas edades:

  • En los niños más pequeños
    Es más fácil sospechar la depresión pues ellos no logran comprender ni manifestar sus sentimientos; desde el punto de vista emocional son los seres más vulnerables. Pueden presentar trastornos del sueño, llanto sin causa aparente, inapetencia, retardo en el desarrollo.
  • En los niños de 3 a 5 años:
    Pueden mostrar tristeza, enojo, agresividad, timidez, sentimiento de vergüenza. Físicamente se pueden quejar de síntomas inexplicables como dolor de cabeza, dolor de estómago, cólicos, náuseas, retardo en el crecimiento, pesadillas, insomnio, enuresis (volverse a mojar en la cama).
  • De los 6 a los 12 años:
    Irritabilidad, mal humor, enojo, actitud cínica ante sus actos, sentimiento de soledad, baja tolerancia a la frustración, desinterés por actividades que antes disfrutaba, preocupaciones inusuales como temor a la muerte, a la separación de sus padres, conductas de autolesión, predisposición a sufrir accidentes, etc.
  • Adolescentes:
    Aunque ellos están más predispuestos a verbalizar sus sentimientos negativos, con frecuencia los ocultan volviéndolos huraños, se alejan de sus familiares y de sus amigos; se sienten no queridos por nadie, se vuelven hostiles hacia toda forma de autoridad. Pueden presentar además dolores de cabeza, dolores abdominales recurrentes, desinterés por el estudio, ausentismo escolar, deseos de morirse y expresan ideas suicidas. También pueden caer en la drogadicción, la delincuencia, el fanatismo por los deportes de alto riesgo y las experiencias sexuales precoces y promiscuas.

No hay la menor duda de que todos los esfuerzos, como salud, se deben orientar hacia la promoción de una vida sana, término que necesariamente incluye el componente emocional, para prevenir así el flagelo de la depresión.

El presentar estos síntomas no busca crear falsas alarmas sino el dar un mínimo de herramientas que les permita a padres y profesores, detectar precozmente la aparición de este trastorno y solicitar la ayuda profesional necesaria.

Luis Carlos Ochoa Vásquez
Pediatra y Puericultor