Actividades físico-deportivas en la edad pediátrica ¿Cómo, cuándo y por qué?

Por: Mauricio Daniel Carrascal Petro
Residente de Pediatría – Universidad de Antioquia y

Laura Pérez Barrera
Médica, especialista en Medicina del Deporte
Docente del Departamento de Pediatría y Puericultura
Universidad de Antioquia

Existe una clara evidencia sobre los beneficios que tienen el ejercicio y el deporte en los adultos que los practican, siendo estos hábitos fundamentales para alcanzar y mantener un buen estado de salud, en sus componentes físico, psicológico y social. Así mismo, los beneficios en la salud también aplican para los niños, niñas y adolescentes, entendiendo que estos tienen particularidades que se deben tener en cuenta para iniciar y prescribir la práctica de actividades físico-deportivas. A continuación, a través de tres preguntas centrales: ¿cuándo, cómo y por qué?, abordaremos estas particularidades.

Definición de conceptos

Es importante diferenciar los conceptos de actividad física, ejercicio, deporte y juego: la actividad física es un movimiento corporal producto de una acción muscular voluntaria que aumenta el gasto de energía. El ejercicio, entre tanto, implica una actividad planificada, estructurada y repetitiva realizada con el objetivo de mejorar o mantener la condición física.

El deporte, por su parte, es un concepto complejo, algunos autores lo definen como actividades que se llevan a cabo de forma más o menos planeada, fundamentada en la ocupación del tiempo libre, con, al menos, alguna o varias de las siguientes finalidades: salud, educación, competición, recreación o terapéutica, y que contiene valores humanos que deberían ser positivos. Y, por último, el juego es una acción voluntaria y desinteresada que es practicada de manera libre, cumpliendo reglas generalmente predeterminadas; este se inicia en la infancia temprana, ofrece experiencias que responden a las necesidades de cada etapa del desarrollo y permite regular funciones sensoperceptivas y motrices. En ese sentido, es fundamental para el desarrollo de las habilidades motrices, desde movimientos rudimentarios, hasta habilidades específicas o especializadas. Finalmente, el juego es un componente central de las prácticas deportivas, especialmente en la etapa prepuberal.

¿Por qué realizar actividades físico-deportivas?

El sedentarismo es un problema de salud pública global, que se caracteriza por ser conductual y transgeneracional (los niños con padres inactivos tienen más riesgo de serlo), esto implica problemas de salud para el individuo durante las diferentes etapas de su vida (en especial asociados al sobrepeso y la obesidad), y, así mismo, para los miembros de su familia. El sedentarismo se asocia con un menor rendimiento escolar, menores ingresos económicos en la edad adulta, un mayor gasto en salud y causa, aproximadamente, 5,3 millones de muertes prematuras.

Se ha demostrado que el ejercicio y el deporte generan beneficios físicos, psicológicos y sociales. Es un factor protector frente a enfermedades somáticas, tales como las enfermedades no transmisibles (obesidad, enfermedad cardiovascular, diabetes mellitus), problemas osteomusculares (dolor y lesiones articulares) y disminuye el riesgo de apnea del sueño. Debido a ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2016 su plan para acabar con la obesidad, donde se manifiesta que el sedentarismo, la obesidad y el sobrepeso tienen componentes biológicos, pero también conductuales, estos últimos susceptibles a intervenciones a través de la inducción temprana a las prácticas deportivas, la alimentación saludable, el control del peso y la atención pregestacional y prenatal.

Adicionalmente, el deporte proporciona un equilibrio entre las demandas grupales y las individuales, entre las conductas agresivas y el autocontrol; además, fomenta el trabajo en equipo, el sentido de grupo y modula la frustración. En consecuencia, es un factor protector frente a conductas patológicas y trastornos mentales, mejora la interacción social y fomenta la convivencia. Adicionalmente, desarrolla hábitos que perduran desde la infancia hasta la edad adulta, fundamentales para el alcance y mantenimiento de la salud.

¿Cómo y cuándo?

Para saber cuándo se deben iniciar las actividades físico-deportivas y cómo realizarlas es necesario: primero, conocer conceptos básicos sobre la prescripción del ejercicio; segundo, reconocer las diferencias estructurales, fisiológicas y psicológicas entre los diferentes grupos etarios; y, tercero, identificar los límites, esto es, las particularidades de cada individuo.

Prescripción del ejercicio

Una de las estrategias para poner en práctica los componentes de la prescripción del ejercicio, es el principio FITT (frecuencia, intensidad, tiempo y tipo), donde:

  • Frecuencia hace referencia al número de sesiones en intervalo de tiempo.
  • Intensidad es la magnitud del esfuerzo requerido para realizar la actividad.
  • Tiempo es la duración de la sesión en minutos.
  • Tipo es la actividad realizada, ya sea un ejercicio de fuerza, o algún tipo de deporte, entre otras.

La intensidad determina la ruta metabólica que utiliza el músculo para obtener energía, es así como ejercicios de intensidad baja a moderada usarán la vía aeróbica, las actividades intensas la vía anaeróbica láctica (pueden mantenerse por minutos a horas dependiendo del entrenamiento) y las actividades supraintensas (que pueden ser mantenidas por pocos segundos) la anaeróbica aláctica.

Los niños en edad prepuberal tienen una menor capacidad de utilizar la vía anaeróbica láctica (actividades intensas), por ello, es característico en esta etapa las actividades explosivas (supraintensas) de muy corta duración. Es de resaltar, que el crecimiento y la maduración del individuo durante la pubertad produce cambios en parámetros fisiológicos y funcionales (gasto cardíaco, consumo de oxígeno, frecuencia cardíaca en reposo, entre otros), que permiten mejorar las condiciones físicas para la práctica de las actividades deportivas y del ejercicio que se planteen durante su prescripción.

Diferencias entre niños, niñas y adolescentes

  • Crecimiento: durante la etapa puberal los niños presentan una aceleración de la velocidad de crecimiento, este momento está determinado por el género y la edad biológica (activación del eje hipotálamo, hipófisis adrenal); esta última puede calcularse a través de la escala de Tanner, basada en las características sexuales secundarias. Finalmente, la prescripción del ejercicio no debe basarse en la edad cronológica, pues esta no tiene necesariamente relación directa con la biológica.

Con el inicio de la pubertad, la densidad y la resistencia ósea aumentan; así mismo, el cartílago y los discos de crecimiento se convierten en las zonas más susceptibles a lesiones. Se debe identificar y conocer los límites para minimizar el riesgo de lesiones musculares o fracturas.

  • Variables fisiológicas: los niños tienen un mayor consumo metabólico de oxígeno por kilogramo de peso, esto aplica para todo tipo de actividades, pero tiene una menor eficiencia para las que son intensas. Tienen, además, una reducida capacidad de termorregulación, debido a dos factores: primero, una menor cantidad y un inicio tardío en la sudoración; y, segundo, un mayor porcentaje de superficie corporal; esta particularidad los hace más susceptibles a la deshidratación y al golpe de calor.
  • Neuropsicología: en los primeros años de la vida el niño tiene una gran necesidad de actividad habitual y constante, imposible de abstraer de su sentido lúdico, y difícil de organizar y estructurar. Los mayores de 10 años logran comprender y encontrar la finalidad del ejercicio físico que practican, disfrutando de una gran capacidad de aprendizaje y desarrollando al máximo su coordinación neuromuscular.

Recomendaciones

Basada en esas particularidades, la Academia Americana de Pediatría (AAP, por su sigla en inglés) recomienda:

  • Para niños en etapa prepuberal (escolares y preescolares): realizar actividad física entre 30 y 60 minutos diarios, los siete días de la semana, en periodos de 10-15 minutos.
  • Para adolescentes: realizar sesiones de ejercicio de moderada intensidad, de 20-30 minutos, un mínimo de 2-3 veces por semana y un máximo de 4-5 veces.
  • Proponen, adicionalmente, algunas recomendaciones para estas actividades en tres grupos etarios:
  • Entre 5 y 11 años: el juego debe ser el eje central, donde el tipo de ejercicio es a elección del niño. La intensidad debe ser menor a la recomendada para los adultos, no se sugieren actividades intensas y se debe tener cuidado con el control térmico por medio de una adecuada hidratación.
  • Entre 11 y 15 años: llevar a cabo ejercicios de técnica, coordinación, reflejos y movilidad. Involucrarlos en actividades competitivas, enfocándose en el respeto por las normas y el oponente. De igual forma, se debe incentivar el trabajo en equipo.
  • Mayores de 15 años (termina el crecimiento y se completa el desarrollo muscular): puede aumentarse la exigencia del ejercicio físico a realizar (fuerza, resistencia). Se busca mantener la forma física mediante un entrenamiento general básico y la generación de hábitos; se pueden involucrar en una especialización deportiva.

Conclusiones

  • El juego es un componente central en la práctica del deporte, este permite un desarrollo psicomotor adecuado de acuerdo con su edad y características individuales, y contiene el sentido lúdico que estimula la iniciación deportiva.
  • El ejercicio y el deporte permiten el alcance y mantenimiento de un buen estado de salud (físico, psicológico, social); donde la salud es un proceso dinámico, individual y colectivo, en el que el niño es un sujeto activo.
  • Las actividades físico-deportivas deben tener un carácter individualizado; entendiendo las diferencias entre las edades, la capacidad física, las comorbilidades, los deseos y los recursos disponibles.

Lecturas recomendadas

  • Posada Díaz Á, Gómez Ramírez JF, Ramírez Gómez H. El niño sano. Una visión integral. Editorial Médica Panamericana. 2016.
  • Fernández M, Busto JM. El niño y el deporte. Medigraphic. 2009.
  • Organización Mundial de la Salud. Informe de la comisión para acabar con la obesidad infantil (2016). 69a Asamblea Mundial de la Salud [Internet]. 2016;1±42. Available from: https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/206450/9789243510064_spa.pdf;jsessionid=5F5E40BAD8D3AE468B17D3FBE6A4C4DC?sequence=1