A propósito de ‘Padres e hijos. Una relación’*, sabía usted que:

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Es el título de un libro escrito por Joan Corbella Roig, médico psiquiatra español, en el que analiza la dinámica de la relación padres-hijos y del cual extractamos algunas trascendentes reflexiones para compartir con nuestros lectores:

  • Los hijos hay que tenerlos si uno está dispuesto a disfrutarlos, si se tienen ganas de buscar, en su compañía, la felicidad. Lejos de planteamientos arraigados en el sacrificio, la donación, la renuncia y la abnegación, propongo una paternidad en la que se procure encontrar la alegría y el gozo.
  • Hay que tener presente que justamente en una exagerada vivencia del futuro se sitúan la mayoría de las tensiones que son frecuentes en las relaciones padres-hijos. Una manera de defender el patrimonio afectivo de la convivencia podríamos situarla en una fuerte vivencia del presente.
  • De todas las posibles relaciones afectivas de carácter profundo que puede tener el ser humano, la única en la que no se puede escoger a la persona querida es en la relación padres-hijos.
  • Cuando los padres empiezan a ver a su hijo como un proyecto, más que como una realidad, se produce una interferencia en la relación: el hijo es un presente con futuro, no un futuro con presente.
  • Muchos padres y, todavía más, muchas madres, al tener un hijo desarrollan un sentimiento de miedo a ‘hacerlo mal’, que atenaza sus decisiones y limita su emotividad, de manera que no se relacionan espontáneamente con su hijo. El miedo a fracasar como padre es una preocupación nueva que nace de la mitificación de la función paternal y maternal. Hacer bien de padre no es otra cosa que vivir una relación afectiva autónoma e independiente.
  • Las relaciones afectivas disminuyen si no se las potencia. Lo mismo sucede en las relaciones padres-hijos: si el afecto no se potencia a través de la relación queda diluido en la convivencia.
  • El papel educativo de los padres es trascendente en cuanto son portadores de los valores que respirará el hijo. Démonos cuenta de que aquello que queremos transmitir, antes hemos de poseerlo.
  • Los estados de ánimo se contagian y su suma determina el clima en el que vivirá la familia.
  • Los niños aprenden del adulto aquello que necesitan para ir accediendo a su mundo; los adultos, padre, madre y educador, aprenden del niño la capacidad lúdica de gozo, de espontaneidad, de arraigo en el presente y de dar afecto de manera gratuita.

*Fuente: Corbella Roig Joan. Padres e hijos. Una relación. Ed. Folio. 2ª edición. Barcelona, l993.

 

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