A propósito de ‘La disciplina efectiva para promover la salud infantil’, sabía usted que:

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Es el título del pronunciamiento institucional de la Academia Americana de Pediatría (AAP, por su sigla en inglés), publicado en noviembre de 2018, en el que se formulan una serie de principios y recomendaciones relacionados con estrategias disciplinarias en el contexto del proceso de la crianza infantil, invocando el hecho de que los pediatras continúan siendo importantes consultores para los padres de familia:

El desarrollo óptimo del niño requiere de la participación activa de los adultos, quienes, entre otras funciones, les enseñan a los niños sobre el comportamiento aceptable. Las estrategias disciplinarias efectivas apropiadas para la edad y el desarrollo del niño le enseñan a este a regular su propio comportamiento y a mejorar sus habilidades cognitivas, socioemocionales y de funcionamiento ejecutivo.

En todo el documento es notoria la impugnación que se hace a la utilización del castigo físico como estrategia disciplinaria en las relaciones adulto-niño. Dicha impugnación abarca también otras formas de castigo no físicas, pero también crueles y degradantes, como lo son aquellas que humillan, denigran, asustan o ridiculizan al niño.

El castigo físico lo define el documento de la Academia como “cualquier acción en la que se emita la fuerza física y se intente causar cierto grado de dolor o malestar, aunque sea leve”. Esto implica golpear a los niños con la mano o con un implemento (un látigo, un cinturón, un zapato o algo similar), pero también puede involucrar las acciones de patear, sacudir, halar el cabello o pellizcar, entre otras.

Las estrategias disciplinarias aversivas que incluyen todas las formas de castigo corporal, además de las acciones de gritar y avergonzar a los niños, son, de acuerdo con investigaciones y seguimientos realizados, mínimamente efectivas a corto plazo e inefectivas a largo plazo.

El “abuso verbal” se usa para referirse a formas no físicas de castigo por parte de los padres o cuidadores que intentan causar vergüenza y humillación al niño, lo que, con frecuencia, tiene efectos perjudiciales sobre su nivel de autoestima.

Con evidencias recientes los autores del pronunciamiento relacionan el castigo corporal con un mayor riesgo de resultados negativos de comportamiento, cognitivos, psicosociales y emocionales para los niños. Esta interacción negativa refuerza las interacciones negativas previas en un contexto de una espiral negativa muy compleja.

Por último, la Academia Americana de Pediatría recomienda que los adultos que cuidan a los niños utilicen formas saludables de disciplina, como el refuerzo positivo de conductas apropiadas, el establecimiento de límites, y la reorientación de expectativas futuras.

 

Por: Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra puericultor

*Fuente: Sege RD, Siegel BS, AAP Council on Child Abuse and Neglect, AAP Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health. Effective discipline to raise healthy children. Pediatrics 2018; 142(6).
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