A propósito de ‘Educar sin castigar. Qué hacer cuando mi hijo se porta mal’, sabía usted que:

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Es un libro escrito por Pilar Guembe y Carlos Goñi, pedagogos españoles de reconocida experiencia en el trato con padres y alumnos, quienes son autores, además, del libro Aprender de los hijos, muy bien evaluado en el ámbito académico.

A continuación, queremos compartir con nuestros lectores algunas de sus interesantes reflexiones:

  • Hay tantas maneras de educar como personas. Se educa cada hijo de forma diferente, personalizada, no valen las mismas estrategias para personas distintas: lo que nos funciona con el mayor no nos sirve con la pequeña, lo que va bien a uno no le va bien al otro. Todo hijo es hijo único.
  • Los padres educadores son aquellos que se encuentran en el justo medio entre la protección y la autoridad. Son padres que protegen sin ser proteccionistas, que están ahí sin que se note, que tienen autoridad sin ser autoritarios y que son permisivos en lo superficial, pero firmes en lo importante.
  • Todos los padres quieren a sus hijos, qué duda cabe de ello; sin embargo, solo los padres educadores saben quererlos, pues quererlos es fácil, lo difícil es quererlos bien, es decir, saber anteponer su bien a todo lo demás.
  • Para que nuestro hijo crezca integralmente necesita atenciones cuando es bebé, limitaciones cuando es niño y razones cuando es adolescente.
  • Las normas deben ser no solo justas, sino también las justas. Más vale pocas normas y que se puedan cumplir, y que podamos hacerlas cumplir, que muchas y que acabemos derogándolas por imposibilidad real.
  • En la crianza un principio básico es que toda ayuda innecesaria al sujeto de crianza genera una limitación. Cuantas más cosas hagamos por ellos, menos les quedará para hacer por sí mismos.
  • La educación de nuestros hijos no es fruto de grandes actuaciones una vez cada cierto tiempo, sino de un conjunto infinito de minúsculos actos educativos, tan pequeños que parecen insignificantes.
  • Educar sin castigar no significa eliminar las normas, antes, al contrario, implica tener muy claros los límites y exigir que se cumplan sin tener que llegar a enfados ni a improvisar castigos poco razonables.
  • Un niño llegará a la madurez cuando se obedezca a sí mismo, pero, para conseguirlo, tendrá que aprender obedeciendo a sus padres.

 

*Fuente: Guembe Pilar y Carlos Goñi. Educar sin castigar. Qué hacer cuando mi hijo se porta mal. 2a ed. Edit. Desclée De Brouwer. España 2014.

 

Por: Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra puericultor

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