A propósito de ‘Carta a un adolescente’

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Preguntas y respuestas

A propósito de ‘Carta a un adolescente’*, sabía usted que:

Por: Juan Fernando Gómez Ramírez

Pediatra puericultor

Es una excelente obra escrita por Vittorino Andreoli, uno de los máximos exponentes de la psiquiatría contemporánea, en la que plantea unas sabias reflexiones que buscan armonizar la relación padres-hijos durante la etapa de la adolescencia. Compartimos con nuestros lectores algunas de sus interesantes afirmaciones:

  • Si pudiera reducir tu adolescencia a una palabra, diría que es una metamorfosis, un cambio, un modo nuevo de pensarte y de ver el mundo que te rodea.
  • La distancia entre generaciones aumenta en la sociedad contemporánea, que cambia con tal rapidez que vuelve viejas las concepciones de apenas unos años antes. Lo anterior hace esperable y comprensible un conflicto entre visiones del mundo que, sin embargo, no debe hacer mella en las vinculaciones afectivas.
  • Los padres deben comprender que la autoridad es también carisma, es presencia y no un derecho adquirido pasivamente, sino una característica que se conquista, un modo de relacionarse que no admite generosidades excesivas o castigos inmotivados.
  • Si durante la adolescencia no existe contraste entre padres e hijos, esto significa que no se está creciendo y, por tanto, se permanece en una edad de la niñez que no plantea grandes problemas en la vida cotidiana, pero expone al riesgo de un infantilismo estructural o prolongado. En resumen, no tengo simpatía por los vínculos idílicos entre adultos y adolescentes.
  • Amigo adolescente: acuérdate de criticar a tu madre y a tu padre, de defender tus derechos, incluido el del riesgo y el error, pero ámalos siempre.
  • Un abrazo vale más que una teoría sobre el dolor y que un tratado de psicología escrito por sabios que a menudo no son padres y aconsejan qué hacer a los padres.
  • En consonancia con las afirmaciones anteriores viene a nuestra memoria una pertinente reflexión de Mark Twain, que dice: “Cuando yo tenía 14 años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarlo. Pero cuando cumplí 21, yo estaba asombrado de lo mucho que mi padre había aprendido en siete años”.

 

*Fuente: Andreoli, Vittorino. Carta a un adolescente. 1ª ed. RBA Libros. Barcelona. 2007.

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