Un corazón sano desde la niñez 

Un corazón sano desde la niñez 

Los buenos hábitos nutricionales y la actividad física en los niños evitan el sobrepeso, la obesidad y protegen su salud cardiovascular hasta la edad adulta. Enséñeles a cuidar su corazón. 

Por: Ana María Gómez
Con la asesoría de los pediatras
María Lucía Mesa, Aida Lebbos
y Jaime Céspedes 

Hasta hace poco tiempo pensar en un niño con el colesterol alto era absurdo; hoy es una posibilidad para considerar. Si bien en ciertos casos la genética hace de las suyas, en la mayoría, los culpables son los malos hábitos de vida que también se aprenden de papá y mamá. ¿Cómo un padre que a la hora de comer dice “a mí no me sirvan paisaje”, pretende que sus hijos amen las verduras? Imposible.

El problema es que, según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia (ENSIN 2010), uno de cada dos colombianos tiene sobrepeso y, entre los niños, uno de cada seis, lo que en el largo plazo se traduce en enfermedades crónicas, coronarias y diabetes. En el mundo hay 42 millones de menores de cinco años con sobrepeso, de acuerdo con las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La pediatra María Lucía Mesa, directora científica de la Fundación Thao para Colombia y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Colombiana de Pediatría, considera que los niños de esta época, entre los 5 y los 12 años de edad, prefieren pasar más tiempo frente al televisor, los videojuegos y en actividades sedentarias. “Sucede porque la mayoría de la población joven no tiene acceso o no conoce posibilidades seguras y más atractivas que impliquen movimiento; por eso es necesario tomar medidas de prevención y favorecer la actividad física desde la infancia, no solo en casa, sino en todos los contextos, llámense colegio o ciudad”, indica. La ENSIN sostiene que la tendencia de actividades sedentarias en este grupo aumenta con la edad.

Al respecto, la pediatra Aida Lebbos afirma que en la actualidad se debe pensar en el riesgo de la enfermedad cardiovascular (ECV) desde temprano, ya que el rango de sobrepeso u obesidad en el niño determina si tiene factores de riesgo.“Existen antecedentes sociodemográficos como la obesidad familiar: si los padres no tienen sobrepeso, las posibilidades del niño de sufrir esta enfermedad son del 10%; si uno de los padres lo sufre, del 40%, y si son los dos, las posibilidades aumentan a 80%”, dice.

Entre tanto, el pediatra Jaime Céspedes, director del mismo departamento de la Fundación Cardioinfantil, sostiene que el riesgo se empieza a generar desde el útero.

Se considera que un niño es obeso cuando supera el 20% de su peso ideal. Para calcularlo de manera aproximada, entre los dos y los cinco años de edad, de acuerdo con información de la Asociación Colombiana de Endocrinología, se recomienda multiplicar la edad por dos y sumarle ocho.

Los estudios han encontrado que el sobrepeso tiene que ver con aumento en la glicemia, el colesterol, los triglicéridos y la formación de la placa de ateroma por la acumulación de grasas, todos factores de riesgo cardiovascular para la edad adulta. “Un niño puede estar gordito y sano, pero cuando sea adulto seguramente le puede esperar un infarto”, agrega la doctora Lebbos. Cabe recordar, que de acuerdo con las cifras de la OMS, el 63% de las muertes tiene como causa la enfermedad cardiovascular.

Para disminuir riesgos

La mejor forma de evitar la enfermedad cardiovascular es la prevención, disminuyendo los factores de riesgo. Esto quiere decir que debe haber un balance entre la ingesta y la actividad física. El problema es que la alimentación de estos tiempos es hipercalórica (alta en calorías), rica en grasa y azúcar, pero pobre en vitaminas y minerales.

“La urbanización y la forma de vida actual han llevado al sedentarismo. Los niños antes iban al parque, hoy en día no. Nos volvemos perezosos, no quemamos grasa y esta se va depositando, por eso es difícil tener jóvenes saludables”, afirma la pediatra Lebbos. Pero los delgados sedentarios también están en riesgo; si no manejan bien su metabolismo y comen mal pueden sufrir de hipercolesterolemia. Así es que los buenos hábitos son para todos.

Un tema de educación

Evitar la obesidad y las enfermedades cardiovasculares no es asunto de unos pocos, es de la sociedad entera. Los adultos y niños deben tomar conciencia acerca de para qué comer ciertos alimentos en exceso y más en un mundo que les ofrece comida ‘chatarra’ y que les pregunta si quieren agrandar sus porciones.

Lo ideal es fomentar el autocontrol, pues en muchos casos los excesos en el deseo de comer están ligados a la depresión, la ansiedad y el estrés. Lo que se debe buscar es que los niños opten por otras actividades que les signifiquen satisfacciones valiosas para su salud y su autoestima.

La pediatra María Lucía Mesa recomienda establecer estrategias de comunicación para empezar a cambiar los hábitos. “Debemos reforzar las políticas públicas destinadas a que las personas tengan un mayor tiempo para la actividad física y una concientización más profunda sobre la importancia del ejercicio para el bienestar, recomienda.

Debemos tomar medidas desde la infancia para que las cifras no crezcan más: 55,2% de las mujeres y 45,6% de los hombres tienen sobrepeso.

“Las mamás y las familias de los bebés, por ejemplo, deben saber que al empezar a darles nuevos alimentos no hay que usar ni azúcar ni sal en las preparaciones. Y, así mismo, en todas las edades, evitar los fritos y consumir grasas y azúcares en pocas cantidades”, recomienda la especialista.

Cabe recordar que con la obesidad infantil también llegan problemas óseos, desórdenes metabólicos, disminución de la capacidad respiratoria.

Las recomendaciones

Más que prohibir, se trata de fomentar la conciencia de estar sano. Estos son algunos pasos para hacerlo:

  • Los padres deben ser un buen ejemplo de hábitos para los hijos.
  • Planee la actividad física en familia. Fomente la salida a parques en bicicleta, en patines o simplemente con una pelota y así pasar un buen tiempo de movimiento y diversión.
  • Todos debemos dedicar 30 minutos diarios a la actividad física.
  • Un niño debe hacer actividades aeróbicas moderadas como caminar, pero también vigorosas como correr y saltar, combinadas con ejercicios de fortalecimiento muscular.
  • Es clave controlar el tiempo frente a las pantallas y buscarles otras actividades a los niños. La creatividad, ahora más que nunca, debe aflorar en los hogares para brindarles a los jóvenes otras opciones atractivas que les impliquen ¡moverse!
  • Apoye a los pequeños cuando escogen una actividad saludable y tenga conciencia de las prioridades en ese sentido. ¡Cúmplales!
  • Olvídese de premiar a los niños con alimentos como golosinas, papas fritas o comidas de paquete.
  • Recupere la costumbre de comer en familia, por lo me- nos una vez al día.• Las comidas no deben ser un espacio de discusión de problemas y a los niños hay que involucrarlos en la decisión del menú. No olvide el “cinco al día”: consumir al menos tres porciones de frutas y dos de verduras de diferentes colores. Autolimite el consumo de otros alimentos y tome decisiones saludables.
  • Fomente el juego en familia.
  • Los niños y niñas deben recibir lactancia materna exclusiva durante sus primeros seis meses de vida y complementarla con alimentación saludable hasta los dos años de edad, asegurando el crecimiento y desarrollo durante su vida, de acuerdo con la recomendación que hizo el Ministerio de la Protección Social en la Semana de Hábitos de Vida Saludable, la cual se adelantó en todo el país del 18 al 24 de septiembre pasado.
  • No existe una cantidad exacta de comida que deba consumir un niño. Todos son distintos y sus necesidades también. De ahí la importancia de establecer buenos hábitos.

Un programa de prevención

De acuerdo con el pediatra Jaime Céspedes, los estudios han demostrado que los factores de riesgo de las ECV son identificables en la infancia y permiten predecir estas enfermedades para la edad adulta.

Ante la necesidad crítica de educar para la salud, Sesame Workshop, el Instituto para el Corazón Mount Sinai (EE. UU.) y la Fundación Cardioinfantil – Instituto de Cardiología,  unieron sus esfuerzos para trabajar por el bienestar cardiovascular en Colombia, a través del Programa Salud Integral (SI) Colombia. Este busca fomentar un estilo de vida saludable a través del desarrollo de conocimientos, actitudes y hábitos en niñas, niños, familias y maestros para que tengan una alimentación sana, practiquen actividad física y tomen conciencia del cuidado del cuerpo y del corazón.

El programa diseñó y evaluó una intervención pedagógica durante cin- co meses, que buscaba modificar los conocimientos, actitudes y hábitos hacia una alimentación sana y un estilo de vida activo en 1.216 niños entre los tres y los cinco años, sus padres y 120 docentes de 14 centros de enseñanza preescolar en Bogotá. El grupo presentó un aumento significativo de los conocimientos, actitudes y hábitos (10,86%), al compararse con el que no recibió la intervención. Entre los padres y profesores los cambios fueron de 8,87% y 9,45%, respectivamente. La iniciativa es pionera en demostrar científicamente el cambio de actitudes, conocimientos y hábitos en pre escolares, profesores y padres la efectividad de la estrategia. Es decir, que la educación en buenos hábitos ¡sí funciona!

Cifras que hablan de malos hábitos

  • La proporción de sobrepeso u obesidad ha aumentado un 25,9% en el último quinquenio, según la ENSIN.
  • El 62% de las mujeres y 39,8% de los hombres tienen obesidad abdominal, la más riesgosa para la aparición de accidentes cerebrocardiovasculares.
  • El 24,8% de las madres tenía sobrepeso y 9,8% obesidad, en el momento de la encuesta, es decir, que 34,6% presentó algún grado de exceso de peso para la edad gestacional.
  • Dos de cada cinco jóvenes y adultos con sobrepeso consideran que tienen un peso normal o se perciben delgados.
  • La introducción de alimentos complementarios de la leche materna se realiza en forma precoz y la calidad de la dieta es especialmente deficitaria en niños y niñas de 6 a 8 meses.
  • Los productos de mayor consumo en la alimentación complementaria de niños menores de tres años son cereales, líquidos no lácteos (agua, jugos, agua de panela u otros), y fuentes de proteína como carne, pollo, pescado o huevo. No es común el consumo de frutas y verduras en la dieta complementaria.
  • El 39% de los colombianos entre los 5 y 64 años de edad no consume productos lácteos diariamente. Esta proporción es 1 de cada 4 (24,9%) en niños de 5 a 8 años.
  • Uno de cada tres (33,2%) colombianos entre los 5 y 64 años no consume frutas diariamente.
  • Cinco de cada siete (71,9%) colombianos entre los 5 y 64 años no consumen hortalizas o verduras diariamente.
  • Aproximadamente uno de cada cuatro (24,5%) colombianos entre los 5 y 64 años consume comidas rápidas semanalmente.
  • El 22,1%, aproximadamente uno de cada cinco colombianos entre los 5 y 64 años consume gaseosas o refrescos diariamente.
  • Uno de cada siete colombianos entre los 5 y 64 años consume alimentos de paquete diariamente y uno de cada tres come golo- sinas y dulces a diario. El 17,8%, dos o más veces al día.