Su mundo de los dos a los 3 años

De los 2 a los 3 años

A partir del primer año de edad tanto los padres como el niño experimentan cambios y es el momento de empezar a construir las bases con las que este último llegará a la edad adulta. 

Por: Carmen Escallón Góngora
Pediatra y terapeuta familiar Universidad de Cartagena 

La familia después de transcurrido el primer año está más equilibrada. Ha disminuido notablemente la angustia por los cuidados del niño. Los padres conocen un poco más a su hijo. La madre interpreta muy bien el lenguaje del niño. Sabe el significado de su llanto, de sus movimientos. Y este empieza a superar el conflicto de separación materna y se entretiene mucho rato jugando con otros cuidadores. La fantasía del niño en esta etapa hace de la crianza un acto de magia. La madre tiene más tiempo para sí misma. La relación de pareja sufre algunos cambios.

La pareja se fortalece, aumentan las relaciones interpersonales entre los dos, la socialización y las salidas en pareja son más frecuentes. Los padres tienen más tiempo para ellos. La madre está menos agobiada. El destete se hace en casi el ciento por ciento en esta etapa. Los padres como cuidadores son más seguros. Muchos de los temores que experimentaba la pareja en épocas anteriores se desvanecen. Se fortalece mucho la relación del niño con el padre y con la familia extensa: abuelos, tíos, primos, etc. La pareja, con mucha frecuencia, vuelve al enamoramiento y al idilio. El niño se constituye en un buen motivador de su amor.

Muchas parejas se ven amenazadas en su conyugalidad al seguir durmiendo con el niño o por las excursiones nocturnas de los niños al cuarto de los padres. Es necesario recordar que la noche no debe ser el único momento para las relaciones sexuales, ni la cama el único sitio para ello. La pareja puede tener otros momentos y lugares de la casa, para así favorecer y estimular una sexualidad sana, creativa y lúdica.

A partir del año de edad, el niño crece menos en talla y peso, a la vez que aumenta su desarrollo psicomotor. El cuerpo de este se va haciendo largo y delgado y van desapareciendo los rolletes de las extremidades. Esto hace que coma menos de lo que comía en la etapa anterior, lo que lleva muchas veces a los padres a verdaderas crisis. En esta época se establece en el niño el lenguaje verbal, lo que cambia el tipo de relación entre este y sus padres.

El niño empieza a controlar el esfínter vesical diurno y, hacia los tres años, el anal. Esto se acompaña del desarrollo de la autonomía, es decir, desea hacerlo todo por sí mismo: bañarse, comer, escribir, vestirse. Es fundamental fomentar la autonomía en este momento, ya que es decisiva para la formación de un ser social sano. Los padres deberán entender que el niño debe comer, vestirse y hacer actividades a su ritmo. Muchas veces se ensucia al comer o se pone ropa que no combina; es necesario respetar esto, pues es lo que le va a permitir su reafirmación como niño.

En esta etapa el niño está viviendo las crisis por la separación de los padres, sobre todo, por la separación materna. Los padres deben hablar con sus hijos acerca de las salidas de casa, explicándoles algo así como: “Mamá se va ir a trabajar, pero allá va a estar pensando en ti”, “mamá se va ir al cine y al llegar te va a arropar”, o “mamá va ir a visitar a la tía, pero en cuanto llegue a su casa te va a llamar”.

Es satisfactorio para el niño conocer el sitio de trabajo de los padres; una visita al trabajo debe hacerse tempranamente y siempre que los niños puedan estar en el espacio laboral sin riesgos para ellos ni para sus padres. Se le debe hablar al niño acerca del trabajo, así por ejemplo: “Mamá atiende a los viejitos enfermos, y les quita el dolor”, o “mamá recibe la plata y es amable con la gente”, esto genera sentimientos de empatía (sen- tir por el otro), de pertenencia y de cooperación.

Cuando la madre sale de casa debe despedirse de su hijo y no hacerlo a escondidas, porque esto último vulnera la confianza del niño. Todos los niños del mundo que han creado un vínculo sólido con su madre crecen sanos a pesar de las ausencias presentes de los padres.

En esta etapa el niño se baja del regazo materno, dice adiós y sale a explorar el universo. Tiene una agenda muy apretada que cumplir. En pocos años debe aprender a caminar, a subir y bajar escalones, a construir torres, conocer los colores, a mirar el cielo, los nombres de su familia, de sus amigos, de los animales, etc. Debe discriminar olores, conocer sonidos, bailar, aprender a controlar sus esfínteres y sus impulsos, así como a bañarse, asearse, comer, reconocer su cuerpo, reconocer texturas, abrir y cerrar puertas, descubrir el agua, la tierra y sus utilidades, entre otras cosas. Es un verdadero explorador.

Es conveniente en este momento estimular la autonomía del niño, asignándole tareas sencillas según la etapa por la que discurre, como llevarle un papel a la madre o al padre, ayudar a amasar en la cocina, a regar las matas del jardín, a ordenar, a guardar los juguetes, a preparar su baño, etc., lo cual le agrada y le ayuda en el cumplimiento de su tarea fundamental en esta época.

El niño aprende, además de imitar el modelo que le presenta el padre, maestro o adulto significativo, con el error y el ensayo. Así que en la medida en que se le permita ensayar y equivocarse y volver a ensayar, el niño aprenderá.

La familia, ante la tarea exploratoria del niño, debe mantener una supervisión estrecha sobre este y hacer ajustes en la casa para prevenir accidentes, como cubrir los tomacorrientes, cerrar balcones, asegurar escaleras, guardar objetos de vidrio, así como objetos filosos y pequeños. Además, debe mantener en un sitio seguro los medicamentos, detergentes y sustancias que el niño pueda ingerir. Es la época en la que los padres son verdaderos maestros. Época de las salidas al parque, a la piscina, a visitar a los abuelos. En este período, el niño ha salido de la habitación de los padres, no obstante, la puerta del cuarto de estos debe continuar abierta para escucharlo durante la noche.

El niño juega mucho en esta época. Sus muchas horas de juego permiten a los padres y cuidadores hacer los oficios de la casa. De igual forma, los padres se distraen mucho con el pequeño con quien intercambian juegos, palabras, cosquillas y otras manifestaciones lúdicas.

En esta etapa, igualmente, son frecuentes las pataletas. Algunos padres aprenden rápidamente el control de estas, al evitar reforzar esta conducta. Muchas de las pataletas se deben al pobre control de impulso del niño a esta edad y al manifestar su incomodidad y frustración por no obtener un deseo. Para ello, la función pedagógica de los padres es primordial.

El niño en esta etapa posee un pensamiento mágico, animista (le dan movimiento a los objetos inanimados), egocéntrico (corren y la luna corre detrás de ellos), y concreto, de tal manera que son fácilmente influenciables con la magia. Unas gotas y piedras mágicas para quitar el miedo, con venditas fantásticas para quitar el dolor. Un sana que sana, colita de rana para sanar el golpe, con unas palabras mágicas para que la mamá llegue pronto.

Es preciso que la familia sea lúdica y juguetona para que el establecimiento de hábitos y normas sea muy fácil. Es la edad de los “¿por qué?”, lo cual es producto de los muchos interrogantes e inquietudes del pequeño, dada la fascinación y asombro que siente por el universo. Muchos de esos “¿por qué?”, realmente quieren decir muchas otras cosas, tales como: “Estoy asombrado”, “estoy confundido”, “tengo miedo”, “estoy con muchas dudas”, etc. Por lo tanto, es importante resolver estos “¿por qué?” muchas veces, con ejemplos, con cuentos y con fábulas, más que con explicaciones que los niños no alcanzan a entender.

Es de recordar que esta época es determinante para construir las bases sobre las cuales se seguirá edificando el niño, así como que la niñez es la época donde el ser humano habitará toda la vida.

Recomendaciones

  • Jueguen con el niño.
  • Usen la magia, la fantasía, los cuentos, acertijos y canciones como un modo de enseñar y divertirse.
  • Mantengan al niño supervisado sin robarle su autonomía.
  • Permítanle explorar el universo.
  • Mantengan la casa segura.
  • Lleven al niño a conocer el sitio de trabajo de cada padre.
  • Hablen con el hijo acerca de las vivencias propias.
  • Expresen sentimientos delante del niño, tales como llorar, reír, enojarse.
  • Sirvan de modelos para su hijo.
  • Contesten a sus preguntas con palabras y con juego o comparaciones.
  • Permítanle que aprenda por error y ensayo.
  • Estimúlenlo a volver a hacerlo cuando se equivoque.
  • Dediquen espacio para su función conyugal y salgan de casa.
  • Dedíquense a sus cuidados personales en compañía de los hijos.