Padres: ¡a fomentar la autonomía!

Padres: a fomentar la autonomía

“Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas de los anhelos que la vida tiene de sí misma. Vienen a través de vosotros, mas no de vosotros. Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen”.
Gibran Jalil Gibran 

Llega la época de explorar el universo y los padres deben entender que el niño tiene un ritmo propio para comer, vestirse y hacer sus actividades. 

Por: Carmen Escallón Góngora
Pediatra y terapeuta familiar Universidad de Cartagena

La familia después de transcurrido el primer año está más equilibrada. Ha disminuido notablemente la angustia por los cuidados del niño. Los padres lo conocen un poco más. La madre interpreta muy bien su lenguaje y sabe el significado de su llanto, de sus movimientos, etc. El niño empieza a superar el conflicto de separación materna y se entretiene mucho jugando con otros cuidadores. La fantasía del niño en esta etapa hace de la crianza un acto de magia. La madre tiene más tiempo para sí misma y la relación de pareja sufre algunos cambios.

La pareja se fortalece, aumentando las relaciones interpersonales entre los dos; la socialización y las salidas en pareja se vuelven más frecuentes. Los padres tienen más tiempo para ellos. La madre está menos agobiada. El destete se hace casi en un ciento por ciento en esta etapa. Los padres como cuidadores son más seguros. Muchos de los temores que experimentaba la pareja en épocas anteriores se desvanecen. Se fortalece la relación del niño con el padre y con la familia extensa: abuelos, tíos, primos, etc. La pareja, con mucha frecuencia, vuelve al enamoramiento y al idilio, y el niño se constituye en un buen motivador de su amor.

Muchas parejas se ven amenazadas en su conyugalidad al seguir durmiendo con el niño o por las excursiones nocturnas de este hacia su cuarto. Es necesario recordar que la noche no debe ser el único momento para las relaciones sexuales en la pareja, ni la cama el único sitio para ello. Por lo tanto, puede crear otros momentos y escoger otros lugares de la casa, para así favorecer y estimular una sexualidad sana, creativa y lúdica.

En el primer año

A partir del año de edad, el niño crece menos en talla y peso y aumenta su desarrollo psicomotor. Su cuerpo se va haciendo largo y delgado y van desapareciendo los rollos de las extremidades. Esto hace que coma menos que en la etapa anterior, lo que lleva muchas veces a los padres a verdaderas crisis. De igual forma, en esta época se establece en el niño el lenguaje verbal, lo que cambia el tipo de relación entre este y sus padres.

La separación de mamá

El niño empieza a controlar el esfínter vesical diurno y hacia los tres años el anal. Esto se acompaña del desarrollo de la autonomía, es decir, desea hacerlo todo por sí mismo: bañarse, comer, escribir, vestirse. Es fundamental fomentar la autonomía en este momento, ya que es decisiva para la formación de un ser social sano. Los padres deberán entender que el niño debe comer, vestirse y hacer actividades a su ritmo. Muchas veces se ensucia al comer o se pone ropa que no combina; no obstante, es necesario respetarlo, ya que esto le va a permitir su reafirmación como niño.

En esta etapa, de igual forma, el niño comienza a experimentar la crisis que representa el separarse de sus padres, sobre todo de su madre. Por consiguiente, los padres deben hablar con sus hijos sobre las salidas de casa, explicarles con frases como,

por ejemplo: “Mamá se va a traba- jar, pero allá estará pensando en ti”, “mamá se va a ir a cine y cuando vuelva te va a arropar”, o “mamá va ir a visitar a la tía, pero en cuanto llegue a su casa te va a llamar”.

La verdad ante todo

Para el niño es muy satisfactorio conocer el sitio de trabajo de los padres; una visita a la oficina debe hacerse tempranamente, pero siempre y cuando los niños puedan estar en el espacio laboral sin riesgos para los padres ni para ellos.

De igual forma, es importante hablarle al niño acerca de su trabajo: “Mamá atiende a los viejitos enfermos y les quita el dolor” o “mamá recibe la plata y es amable con la gente”, genera sentimientos de empatía (sentir por el otro), de pertenencia y de cooperación.

Cuando la madre sale de casa debe despedirse de su hijo y no hacerlo a escondidas, ya que lo último vulnera la confianza del niño. Es de resaltar que todos los niños del mundo que han creado un vínculo sólido con su madre crecen sanos a pesar de las au- sencias presentes de los padres.

En esta etapa, el niño se baja del regazo materno, dice adiós y sale a explorar el universo. Tiene una agenda muy apretada que cumplir. En pocos años debe aprender a caminar, a subir y bajar escaleras, a construir torres, a conocer los colores, a mirar el cielo, los nombres de su familia, de sus amigos, de los animales, en fin. Debe discriminar olores, conocer sonidos, bailar, aprender a controlar sus esfínteres e impulsos, así como aprender a bañarse, asearse, comer solo, reconocer su cuerpo, diferenciar texturas, abrir y cerrar puertas, descubrir el agua, la tierra y sus utilidades, etc. En otras palabras, se convierte en un verdadero explorador.

Pequeñas tareas

En este momento, es conveniente estimular la autonomía del niño, asignándole tareas muy sencillas según la etapa por la que discurre, como llevarle un papel a la madre o al padre, ayudar a amasar en la cocina, a regar las matas del jardín, a ordenar, a guardar los juguetes, a preparar su baño, entre otros, lo cual le agrada al niño y le ayuda en el cumplimiento de su tarea fundamental en esta época.

El niño aprende no solo imitando el modelo que le presenta el padre, maestro o adulto significativo, sino también con el error y ensayo. Así que en la medida que se le permita ensayar y equivocarse y volver a ensayar, el niño aprenderá.

Es importante que, ante la tarea exploratoria del niño, la familia mantenga una supervisión estrecha sobre este, haciendo ajustes en la casa para prevenir accidentes, como cubrir los tomacorrientes, cerrar balcones, asegurar escaleras, guardar objetos de vidrio, filosos y pequeños, entre otras medidas. Además, se deben mantener en sitio seguro los medicamentos, detergentes y sustancias que el niño pueda ingerir. Es la época en la que los padres son verdaderos maestros. Es el tiempo, igualmente, de las salidas al parque, a la piscina y a visitar a los abuelos. En esta época el niño ha salido de la habitación de los padres; no obstante, estos últimos deben mantener la puerta de su cuarto abierta para escúchalo al niño durante la noche.

El niño juega mucho en esta fase de su vida. Sus muchas horas de juego permiten a los padres y cuidadores hacer los oficios de la casa. A su vez, los padres se distraen mucho con el pequeño con quien intercambian juegos, palabras y cosquillas.

En esta etapa también son frecuentes las pataletas. Algunos padres aprenden rápidamente a controlarlas. Muchas de ellas se deben al pobre control de impulso del niño a esta edad y al manifestar su incomodidad y frustración por no obtener un deseo. Para ellos, la función pedagógica de los padres es primordial.

Pensamiento mágico

Este es un periodo en el que el niño tiene un pensamiento mágico, animista (le da movimientos a los objetos inanimados), egocéntrico (corren y la luna corre detrás de ellos) y en concreto, de tal manera que es fácilmente influenciable con la magia. Unas gotas y piedras mágicas para quitar el miedo, con venditas fantásticas para quitar el dolor. Un “sana que sana, colita de rana” para sanar el golpe, con unas palabras mágicas para que la mamá llegue pronto.

Es preciso que la familia sea lúdica y juguetona para que el establecimiento de hábitos y normas sea muy fácil. Es la edad de los porqués, lo cual es producto de los muchos interrogantes e inquietudes del pequeño, dada la fascinación y asombro que sienten por el universo. Muchos de esos “porqués” realmente quieren decir otras cosas, como: “Estoy asombrado”, “estoy confundido”, “tengo miedo”.  Por lo tanto, es importante resolver estos “porqués” muchas veces con ejemplos, cuentos o con fábulas, más que con explicaciones que los niños no alcanzan a entender.

Se debe recordar que esta época es determinante para construir las bases sobre las cuales se sigue edificando el niño y que la niñez es la etapa donde el ser humano habitará toda la vida.

Recomendaciones

  • Jueguen con el niño.
  • Usen la magia, la fantasía, los cuentos, acertijos y canciones como un modo de enseñar y divertirse.
  • Mantengan al niño supervisado sin robarle su autonomía.
  • Permítanle explorar el universo.
  • Mantengan la casa segura.
  • Lleven al niño a conocer el sitio de trabajo de cada padre.
  • Hablen con el hijo acerca de las vivencias propias.
  • Expresen sentimientos delante del niño, tales como llanto, risa, rabia, etc.
  • Sirvan de modelos para su hijo.
  • Contesten a sus preguntas con palabras y con juegos o comparaciones.
  • Permítanle que aprenda por error y ensayo. Estimúlenlo a volver a hacerlo cuando se equivoque.
  • Dediquen espacio para su función conyugal y salgan de casa con su pareja.
  • Dedíquense a sus cuidados personales en compañía de los hijos.

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