¡La aventura de crecer!

¡La aventura de crecer!

Miguel tiene nueve meses. Cuando lo cargan llora y forcejea hasta quedar sudando. Claudia y Juan consultan a la psicóloga porque piensan que su reacción es demasiado llamativa para la edad que tiene. La psicóloga lo observa y les hace una sola pregunta: ¿Cómo es Miguel cuando está en el piso moviéndose? Los papás se miran, se sonríen y responden al mismo tiempo: feliz. 

Por: Liliana Zuliani A.
Médica y neuropsicóloga infantil

Yolanda Giraldo G.
Médica y psicóloga

Adriana Uribe B.
Educadora 

ESTIMULACIÓN DEL DESARROLLO

El niño de uno a seis meses

Trata de dominar su cuerpo de forma que al llegar a los seis meses controla su cabeza, gira sobre sí mismo y se sienta con apoyo, sintiéndose más dueño de su cuerpo y diferenciándolo del de su madre. También sonríe, se fija, sigue objetos y personas con la mirada, reacciona a sonidos y balbucea. En esta etapa es normal que succione sus manos y pies, jale el cabello o la nariz de quien lo carga, gire su cabeza buscando personas y objetos para llevarlos a su boca o pasarlos de una mano a otra.

El vínculo afectivo que ha establecido con su madre y la presencia permanente y afectuosa de su padre, le permiten ampliar con tranquilidad y confianza sus relaciones hacia otros familiares. Ahora su sonrisa, llanto, balbuceos, miradas y gritos tienen la intención de comunicar sus emociones a las personas más allegadas.

Para estimular su desarrollo…

  • Cámbienle de posición cuando esté despierto y activo, haciéndole masajes y estiramientos de piernas y brazos.
  • Fortalezcan el vínculo afectivo: amamantándolo, hablándole y atendiendo sus necesidades con afecto y paciencia lo más pronto posible.
  • Permitan que juegue, descubra su cuerpo y se lleve objetos a la boca, siempre que no impliquen riesgo de asfixia, intoxicación o atoramiento.

El niño de seis a 12 meses

Logra sentarse, arrastrarse, gatear y dar pasos con ayuda. Coordina muy bien el mirar con el coger y comienza a explorar el mundo por sí mismo.

Experimenta sentimientos contradictorios al comenzar a gatear: por una parte, goza al ser capaz de moverse sin ayuda, por otra, siente ansiedad porque empieza a ser consciente de que se está separando de su madre y teme perderla.

De los ocho a los 10 meses diferencia muy bien entre lo familiar y lo desconocido, por eso es frecuente que se muestre esquivo ante los extraños. Algunos niños se apegan a un objeto especial (cobija, muñeco o almohada) y lo utilizan para calmarse en momentos difíciles como el ir a dormir, cuando están enfermos o ante la presencia de extraños.

Su imagen corporal se va completando poco a poco y la reconoce en el espejo. Las diferentes posiciones (acostarse, sentarse, pararse) le permiten descubrir sus genitales así que en los cambios de pañal o al bañarse, tratará de mirar y tocar está parte de su cuerpo.

De los 10 a los 12 meses de edad aparece el “no” como un logro muy importante para el desarrollo del lenguaje y de su personalidad. Ahora sabe que definitivamente es un ser diferente de su madre; que no es parte de ella; mamá dice que debe tomar toda la sopa y el niño responde negando con su cabeza que él opina lo contrario y no la tomará.

Para estimular su desarrollo…

  • Dejen que el niño se mueva y trate de desplazarse por sí mismo. No lo sometan al caminador.
  • Pongan al alcance del niño objetos llamativos para que él los manipule libremente.
  • Háblenle claro y respondiendo a sus balbuceos, gritos y risas.
  • Uno de los mejores juegos para la estimulación durante esta etapa es el de las escondidas. Jueguen a esconderse y aparecer.
  • Preséntenle y háblenle de las personas que se le acercan, pero sin presionarlo a ser simpático con los desconocidos.

El niño de 12 a 18 meses

Se dedica a buscar lo nuevo y a perfeccionar la marcha hasta que sea segura y estable. Corre, patea, explora en rincones y cajones. La admiración así como el acompañamiento tranquilo y seguro de los adultos alimentan su autoestima y son la base para que el niño desarrolle la confianza en él y en los demás.

Juega poco con sus propios juguetes. Prefiere tocar y coger los objetos que sus padres utilizan: revistas, plantas, ollas, cojines, tapas y cajones. Comienza a acompañar sus experiencias con lenguaje, mezclando pocas palabras con parloteo. Se desespera cuando los otros no le comprenden sus deseos y necesidades, expresando su frustración con pataletas y llanto.

Es frecuente que intente demostrar sus logros en autonomía e independencia rechazando la ayuda de los adultos más significativos. Tratará de cepillarse y comer solo, quitarse la ropa y oponerse a sus padres cuando le propongan ir a dormir.

Para estimular su desarrollo…

  • Llévenlo a lugares donde esté en contacto con objetos y personas diferentes a las acostumbradas.
  • Estimúlenlo en todo lo que sea capaz de hacer solo.
  • Dejen que toque y conozca su cuerpo, enseñándole cómo se llaman las partes del organismo.

El niño de 18 a 24 meses

Es muy activo y siente la necesidad de experimentar en espacios diferentes a su casa que le permitan trepar, saltar, dominar el equilibrio y correr. Ha comenzado a entender conceptos como grande, pequeño, poco, muchos. Comprende y plantea nuevos juegos que le ayudan a solucionar problemas y situaciones.

Su lenguaje ha aumentado, nombra objetos y trata de formar frases con dos palabras para contar sus experiencias. Aparece el uso del yo, mío, tú y se ve a sí mismo diferenciado de los demás.

Señala muchas partes de su cuerpo y comienza a identificar el deseo de defecar u orinar. La mayoría de los niños están preparados para afrontar el aprendizaje del control de esfínteres.

Es frecuente que el niño juegue con sus orines o materia fecal, utilice palabras como popó, pipí; se toque sus genitales y trate de quitarse la ropa.

Socialmente comienza a practicar juegos de dar y recibir, especialmente con los adultos significativos. No siempre es amable con los otros niños, sin que esto signifique que será egoísta. Simplemente está tratando de establecer cuáles son los límites entre él y los demás.

Para estimular su desarrollo…

  • Estimúlenle la actividad física.
  • Denle ejemplos de compartir, pero no lo presionen a dar sus juguetes o alimentos si no lo desea.
  • Enséñenle a dibujar, ensartar, tapar cajas o jugar con arena.
  • Ayúdenlo a diferenciar conceptos como grande, pequeño, alto, bajo, pesado, liviano.
  • Acompáñenlo en el control de esfínteres con paciencia y afecto.
  • Háblenle claro, sin utilizar diminutivos ni palabras incompletas.