Crianza y ciudadanía: buena infancia para un futuro mejor

Crianza y ciudadanía

Hablar de ciudadanía en la niñez es posible si se piensa en el ciudadano, no como aquel que llega a la mayoría de edad, sino como aquella persona que es capaz de vivir en armonía con otros y cooperar con ellos, que es conciente del valor de la norma, respeta los derechos de los demás y que piensa en el beneficio colectivo por encima del beneficio particular. 

Olga Liliana Suárez D.
Fonoaudióloga
Especialista en Comunicación Organizacional 

Este proceso de formación del ciudadano se inicia en la niñez. Algunos autores hablan entonces de preciudadanía, esto es, el estado en el que se está gestando el futuro ciudadano.

El reconocimiento del niño y el adolescente como preciudadanos sociales, implica que sean objeto de políticas públicas que hagan realidad sus derechos.

También se es ciudadano por la relación con el Estado: cuando se tiene conciencia de los deberes y derechos ciudadanos, se participa en la vida política y se tiene un acervo de conocimientos sobre el sistema político, el cual le permite actuar en armonía con este.

¿Es importante formar para la ciudadanía?

La constitución de la niñez como sujeto democrático es una condición necesaria tanto para la consolidación como para la ampliación de las formas democráticas de convivencia social y política.

La democracia es un proyecto inacabado, por lo que los niños y adolescentes tienen una función primordial en la participación así como en la construcción de los futuros ciudadanos que mantengan y renueven el sistema democrático; de tal modo que preparar al futuro ciudadano favorece la consolidación de las convicciones y competencias ciudadanas antes de su reconocimiento jurídico.

¿Cómo se forma un ciudadano?

Es claro que no se nace ciudadano, se aprende a ser ciudadano. La formación del ciudadano ha sido un asunto poco explorado; sin embargo, se reconoce la gran influencia que tienen los procesos de socialización en las etapas tempranas de la niñez y durante la juventud, sobre la formación de los sujetos políticos.

Esta relación se considera como una socialización política latente, indirecta o inconsciente, esto es, un aprendizaje no específicamente político, pero que influye en la conducta política de una persona.

Aspectos como la solidaridad, la autoestima, la confianza o desconfianza, el autoritarismo, la sumisión, la rigidez de pensamiento o la actitud pluralista, la aceptación del otro, la responsabilidad social, entre muchos otros, son fruto de la historia de la niñez y adolescencia de las personas, los cuales afectan su conducta ciudadana.

Las habilidades psicosociales, que inciden en la formación de actitudes políticas, son las que se construyen con el desarrollo, en sus aspectos cognitivo, afectivo, moral y social.

Sin embargo, el desarrollo de estas habilidades no supone la existencia de una actitud política. Para ello es necesario un entorno estimulante al respecto, la adquisición de información y la comprensión de roles y procesos políticos, lo cual se logra mediante la socialización política manifiesta y específica, por medio de la educación, la imitación y la experiencia.

Entre las distintas instancias en que la formación de un ciudadano puede ocurrir, tienen función fundamental la familia, la escuela, los grupos de pares y los medios de comunicación.

Todos ellos se complementan entre sí; su importancia varía según las diferentes etapas de la vida y su impacto depende de cada situación personal. Así, la influencia de la familia será fundamental en la niñez temprana, la escuela asume su papel en la etapa escolar y los grupos de pares la tienen en la adolescencia.

La familia como agente de socialización política

En los primeros años de la niñez, la familia es la principal fuente de aprendizaje social y es decisiva para el desarrollo de la personalidad del niño. En la estrecha convivencia familiar, se internalizan (se hacen propios) las normas y los valores; se aprenden la aceptación de sí mismo y de los demás, el respeto y el reconocimiento del otro; se fundan los afectos, además de establecerse una relación con las autoridades familiares. Todo este bagaje será transferido después a la conducta social y política.

La influencia política de la familia como tal, depende de las características particulares de cada una, de su estructura y de la red de interacciones.

La transmisión intergeneracional de conocimientos así como de experiencias políticas, es decir, de las orientaciones respectivas, es posible cuando los padres las tienen de manera clara y estable, además las pueden expresar en sus conversaciones, facilitando la generación de opinión y de actitudes políticas.

El grado de influencia dependerá de la motivación de los adolescentes, de la coincidencia política entre los padres, y del clima educativo y comunicativo familiar. Por ejemplo, las familias pluralistas en las que se favorece la discusión y la comunicación franca, tienen hijos políticamente abiertos y hábiles.

La escuela como agente de socialización política

Todo proceso que empieza requiere información, pero un buen nivel de información no se correlaciona directamente con la disposición a participar y a respaldar el sistema político, por lo que la escuela desempeña un papel privilegiado en la formación del ciudadano.

Allí no solo se pueden aprender las competencias ciudadanas, sino que se pueden practicar. Estas competencias se refieren a las habilidades, conocimientos y actitudes que permiten actuar de manera constructiva en una sociedad democrática.

Al igual que la familia, cada escuela tiene unas características particulares, que inciden en las posibilidades de ejercer influencia política. Entre los factores que intervienen, se encuentra el clima en el aula de clase, la personalidad, el compromiso y la preparación política del profesor; los conocimientos y el estrato social de los alumnos; el modelo pedagógico, los textos, el currículo y la influencia de la familia.

La responsabilidad de la formación del ciudadano es de toda la institución (de los docentes y de las distintas áreas académicas). Los ambientes democráticos en el aula y en la institución, la participación en la construcción o modificación de las normas, la resolución pacífica de los conflictos, las relaciones armoniosas entre alumnos y docentes, se convierten en oportunidades de aprender y practicar las competencias ciudadanas.

El aula de clase, con una atmósfera que permita la discusión libre, la participación, la cooperación y el respeto mutuo, favorece el desarrollo de ciertas actitudes políticas como la participación, la responsabilidad cívica y la valoración de las propias capacidades políticas.

Amigos como agentes de socialización política

A medida que crecen, los jóvenes se desprenden más de los lazos familiares, orientándose hacia los grupos de amigos. Esto constituye un paso trascendental en el proceso de desarrollo de su propia identidad.

La influencia del grupo de pares sobre sus miembros, varía según el grado de presencia o ausencia paterna; la calidad de la comunicación intrafamiliar y la homogeneidad de las opiniones dentro del grupo, entre otros aspectos. Mientras más fuerte sea la influencia del grupo, mayor probabilidad tendrá de transferir su ideología y reglas de conducta a sus miembros.

La posibilidad de ejercer influencia política dependerá de si este asunto es de interés para el grupo. Sin embargo, algunas actitudes no políticas, como distanciarse conscientemente de esta, pueden generar efecto de despolitización.

El interés por los asuntos políticos tiende a incrementarse al llegar a las instituciones de educación superior, en las que los grupos políticos se convierten en una forma de expresión organizativa de actividades políticas en pares, incluidos los grupos extremistas de derecha e izquierda.

Los medios de comunicación como agentes de socialización política

Los medios de comunicación, especialmente la televisión, por la gran cantidad de tiempo que los niños y adolescentes suelen pasar en compañía del televisor, se han convertido en una poderosa fuente de socialización política. Su influencia proviene del contenido político de su información y de la propaganda dirigida a tal fin.

Las metas de desarrollo humano integral y diverso

Tanto la construcción como la reconstrucción permanente de las metas de desarrollo humano integral y diverso, así como el tejido de resiliencia, son las herramientas que en una crianza humanizada, se utilizan para la formación de un sujeto, en este caso el ciudadano.

La autoestima, la autonomía, la creatividad, la felicidad, la solidaridad, la salud y su resultante, la resiliencia, construidas en la cotidianidad durante el crecimiento y desarrollo del niño, harán de ellos, sujetos socialmente más productivos, que estén acordes con las necesidades del mundo actual.

Este enfoque acompañado de una educación específica en lo político, formará ciudadanos no solo conocedores de sus deberes y derechos, sino con competencias, además de habilidades, que les permitirán participar en la vida política del país.