‘Amigos’ de la comida

Crear una relación sana con la comida es fundamental para evitar trastornos de alimentación. No es conveniente forzar a los niños a comer ni tampoco clasificar los alimentos como buenos o malos. Los padres son el ejemplo.

Por: Ana María Gómez Campos Con la asesoría de Aida Lebbos Saad
Pediatra, MD, MBA, directora de Fun4Fit
y Natalia Sepúlveda Valbuena Nutricionista, dietista

Los hábitos alimentarios saludables se inculcan desde el embarazo; por lo tanto, la buena relación del niño con la comida depende de la nutrición de la madre. A partir de ese momento, ella debe informarse y concientizarse de los beneficios de la leche materna, el mejor alimento que le puede ofrecer a su hijo durante, al menos, los primeros seis meses de vida.

Luego de esta etapa, es el momento de introducir nuevos sabores y texturas. En el proceso, los padres desempeñan un rol definitivo, pues son responsables de la calidad del menú que ofrecen a sus hijos, así como de la preparación y la presentación: un plato colorido, llamativo, con texturas y sabores variados es ideal, porque es ahí cuando se origina la preferencia o el rechazo por algunos alimentos. Los niños deben conocer la importancia de una alimentación completa, equilibrada, suficiente y adecuada. Y es en la infancia el momento de enseñarles cuáles son las porciones ideales para su edad y las características de los grupos de alimentos. Conviene evitar estigmatizar los alimentos: no hay buenos ni malos, que engorden o que ayuden a perder peso. Todo depende de cómo se preparen y del tamaño de las porciones. Los alimentos nutren y los niños deben tenerlo claro.

Pero, para eso, es necesario educarlos sobre lo que pasa cuando se consumen en cantidades inadecuadas.

Ni premio ni castigo

Aunque es una práctica común entre los padres, la pediatra Aida Lebbos y la nutricionista Natalia Sepúlveda, expertas en el tema, recomiendan no utilizar los alimentos como premio o castigo, pues los niños empiezan a asociar sus preferidos con recompensa y los rechazados con sanción. “Este tipo de comportamiento puede generar fobias y trastornos alimentarios, agregan.

Es común que las abuelas, tías y seres cercanos siempre usen los dulces y paquetes como un acto de amor, pero es importante saber –opinan las especialistas– que no se premia ni se da afecto con alimentos ricos en dulce. “Existen otras estrategias igual- mente efectivas como un cuento o un juego didáctico”, comentan.

Las golosinas tampoco se deben usar para calmar las pataletas de los niños. No aportan nutrientes para el crecimiento y desarrollo. La tensión, en cambio, se puede aliviar con un abrazo o un rato de juego. Los alimentos deben ser parte de nuestro diario vivir, de consumo voluntario, consciente y controlado, enfatizan las expertas.

Por esa misma razón, tampoco hay que forzar a los niños a comer, se deben respetar las señales naturales del organismo de hambre o de saciedad. “Cuando hablamos de la alimentación desde el nacimiento y decimos que la lactancia es lo ideal, nos referimos a que es a través de esta que el niño aprende a regular qué tanta cantidad debe consumir, mientras que si la madre inicia leche de fórmula, su tarea es terminar el tetero independientemente de las señales del organismo. Una vez el bebé empieza a caminar y a moverse con más libertad, se interesa por otras cosas que se encuentran a su alrededor y no precisamente por la comida”, dice la pediatra Lebbos.

Cada quien regula su apetito

Es natural que los niños pasen por períodos de inapetencia, de preferencia, rechazo e incluso de negación a probar alimentos nuevos, esto hace parte de la formación de hábitos. Por ese motivo, no se les debe forzar a comer, cada quien regula su apetito. El organismo genera señales que indican la necesidad de consumir alimentos y que conducen a detener la ingesta cuando el organismo se encuentra satisfecho. En casos particulares, si la inapetencia persiste, el pediatra debe determinar si se debe a una causa fisiológica o patológica que ha impedido una adecuada ganancia de peso y de talla.

¿Y el peso?

El tema del peso se debe manejar con cautela según la edad, porque esta determina la reacción del niño frente a cualquier comentario al respecto. “Se trata de una medición que permite evaluar el crecimiento de los niños, no en todos los períodos de la infancia la ganancia de peso en términos de velocidad es la misma. Se debe hablar a los padres en términos de peso adecuado, que se establece según el género, la edad y la talla del niño. En ocasiones, emplear términos como exceso de peso o bajo peso genera preocupación y ansiedad en los padres, lo que suele ser transmitido a sus hijos.

El ambiente también juega un papel importante en la ganancia o pérdida excesiva de peso.

Comer según la edad

La alimentación de un niño debe corresponder al requerimiento energético, el cual depende del género, edad, sexo, nivel de actividad. Lo ideal es incluir todos los alimentos en su dieta.

La alimentación diaria debe cumplir con cuatro leyes: 1. Los alimentos que se ofrezcan al niño deben aportar todos los nutrientes que el cuerpo necesita (completa). 2. Deben mantener una proporción en la distribución de energía para evitar déficit o exceso (equilibrada). 3. Deben satisfacer las necesidades de energía que requiera el cuerpo (suficiente); y 4. Deben suministrarse en porciones acordes con la edad, estado de salud y nivel de actividad (cantidad adecuada).

El niño debe recibir todas las frutas y las verduras en proporciones adecuadas, lo ideal es que sean cinco porciones al día. La proteína y el cereal deben ser consumidas en menor proporción.

Los trastornos se pueden evitar

Los trastornos de la conducta alimentaria pueden ser evitados si se educa a los niños sobre las propiedades de los alimentos.

Es importante empoderar a los niños en el tema del autocuidado y el equilibro entre cuerpo y mente. Los padres son el principal modelo a seguir por parte de los hijos.

Existen períodos en la infancia en los cuales estos trastornos son más frecuentes: en la etapa escolar y la adolescencia.

Si el niño come más de la cuenta en comparación con el consumo ha- bitual, se debe buscar ayuda profesio- nal. Ahí se puede detectar la causa si es por ansiedad, por alguna pérdida en la familia, si tiene dificultades en el colegio o es víctima de bullying, entre otras.

Pero al igual que cuando el niño come en exceso, en aquellos casos donde la inapetencia y rechazo a los alimentos se presenta en períodos prolongados se debe buscar ayuda profesional, para evitar las complicaciones asociadas al déficit de energía y nutrientes.

Los hábitos se aprenden

Los padres son los principales maestros de los niños. Ellos repiten los comportamientos de los adultos, tanto buenos como inapropiados.

La preferencia o rechazo de los alimentos puede ser influenciada por la decisión de los padres. A veces no es propia del niño, sino una conducta reflejo de lo que ve, por eso la importancia de la educación a la familia, si se quiere lograr un crecimiento adecuado en la infancia y una adultez sana y con estilos de vida saludables.

El hábito es un comportamiento adquirido a lo largo de la vida, influenciado por la cultura, el ambiente, el entorno social y familiar, entre otros; sin embargo, esta conducta puede ser modificada. Para lograrlo, se requiere interés en cambiar, educación y, lo más importante, reconocer el beneficio de hacerlo. Es ideal contar con el apoyo de los profesionales de la salud y la familia y reforzar aquellos hábitos adecuados. Vale la pena recordar que un niño sano es un adulto sano.